viernes, 13 de febrero de 2009

...los capullos al volante

Tú vas tan tranquilamente con tu coche por la calle. Estás oyendo la radio, estás oyendo música o te estás sacando un moco incómodo que te raspa cada vez que respiras aprovechando que no pasa nadie. Te paras en un semáforo. Esperas pacientemente a que se vuelva a poner verde para continuar tu ruta. Y, de repente, todo se nubla. Una nube de humo como proveniente de los rincones más inhóspitos del averno surge ante ti, y de entre esa nube, ¿quién sale? ¿Satán? ¿Dante? ¿Virgilio? ¿Pikachu? Nooooooooo. Mucho peor, amigos. El macarra al volante.
Estoy hasta la chorra de los horteras que se piensan que el coche que conducen es una prolongación de su mini-pene de Jesmar y su cerebro licuado por las drogas de diseño. ¿Por qué cojones tienen que llevar su puta música asquerosa a todo trapo? ¿Por qué, encima, nadie les dice que cuando pones música a todo trapo hay que tener unos graves en condiciones y que en un espacio reducido los graves tienden a reverberar? A lo que iba: Se te ponen al lado y sacan ese brazo esculpido gimnasio me meto esteroides a troche moche cuando tenga cuarenta años tendré más grasa colgando del brazo que las viejas que se ponen a tostarse al sol de Benidorm en pleno febrero, pero ahora que me quiten lo bailao. Y encima, los muy gilipollas se te quedan mirando como diciendo: ¿a que mola mi buga? Luego ya te quedas mirando el coche y resulta que es una mierda de Clio del año 92, ése que se compraron tus padres aprovechando que con las Olimpiadas y que Banesto aún era una cosa semi-decente daban algún que otro crédito. El Clio estaba para el arrastre y alguien que estaba hasta las narices de tenerle cogiendo polvo en el garaje de su padre decidió ponerlo a la venta. Y casualidades del destino, apareció nuestro amigo el macarra y compró un coche por 1000 euros y se gastó 80000 en tunearlo y ponerle unas luces de neón por dentro del coche que parece que conduces el water de una estación de autobuses con las luces que ponían para que los yonkos no se encontraran la vena. Vamos, que en el fondo ellos conducen un cagadero anti-yonkis de 80 mil napos, pero están tan felices. Y claro, ya que te has gastado esa pasta, pues arremeten y se compran unos baffles que ríete tú de los conciertos de los Rolling o los peruanos toca-flautas del Retiro. Eso sí, lo importante es que la música tenga muchos graves, para que reverbere mucho y así poder ir pedorreando por todo el barrio. Conclusión: Que entre las luces anti-yonkis y los pedos que suelta su maldita música -véase reggaeton asqueroso, bakalao infame o gitaneo asqueroso subhumano-, unido a que el Clio es diésel cómo no, y cada vez que acercas el pie al acelerador suelta eso una zorrera que parece que entras en Torrelavega, lo que llevan es ni más ni menos que... SÍ, UN ENORME CAGADERO CON RUEDAS!!!
Por cierto, si mientras leías esto estabas pensando que Renault no sacó ningún Clio en el año 92... Enhorabuena, eres un macarra al volante y estoy hasta la chorra de ti. De ti y de la estupidez humana.

3 comentarios:

  1. Hacía bastaaante que no me reía tanto con un escrito. No te conozco, pero he de decirte que me encanta tu blog, tío. :)

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  2. Se agradecen los halagos, pero no pongas muchos (con unos cincuenta al mes está bien) a ver si también voy a terminar hasta la chorra de ellos y voy a sacar el hacha, xD.
    Un saludo.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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